Me quedé en Olympia unos días más de lo esperado porque quería ver el concierto de mi madre el domingo. Ella es la primera violinista en la Orquestra Sinfónica de Olimpia. Toca muy bien.
Di vueltas por la ciudad y escribí un poco el sábado. Era el segundo día del festival de arte anual del centro. Esa tarde se iba a llevar a cabo la Procesión de las Especies. Un grupo de gente se disfraza como las especies en peligro de extinción y salen en procesión por las calles para despertar la atención de la gente. Es un evento divertido y yo tenía ganas de verlo. Caminé por la rambla junto al agua. OIympia está en el extremo sur de Puget Sound. Saqué un par de fotos y me descubrí que ya no tenía más arena en el lente de mi cámara. Todavía podés oir el ruido de la arena moliendo los mecanismos internos, pero al menos ahora el zoom funciona bien.
Olympia es una ciudad excelente. Es bastante pequeña (alrededor de 50.000 habitantes), jóvenes, modernos, artísticos, etc. Hay mucho pensamiento independiente y negocios. La gente es buena. El centro es divertido.
Había mucha gente y me empecé a encontrar con gente de mi escuela secundaria. En cada cuadra había alguien que yo conocía. Todas las conversaciones fueron así:
"Hola."
"¡Hola!"
"..."
"Cómo has estado estos últimos ... 6 años?"
"Bien, ¿ y vos?"
"Bien."
"..."
"Bueno, cuidate."
"¡Adiós!"
Después de casi 10 conversaciones de este tipo decidí omitir la procesión de las especies. Olympia es una ciudad linda, pero muy pequeña. Volví a casa. Fui a la casa de al lado a visitar a mi vecina, la Sra. Zunnikah. Ella no estaba pero había una avispa gigante zumbando alrededor de su faro. Era esa clase de avispas con alas que hacen un siniestro ruido, no del tipo amigables como las abejas. No sé porqué pero decidí que sería una buena idea sacarle una foto con mi iphone. Seguía zumbando alrededor mío y no pude sacarle una buena foto. Me quedé parado con mi brazo extendido, esperando el momento ideal para sacarle la foto, cuando bajó en picada y vino hacia mi hombro. Me la saqué de encima con un manotón, tirándola al césped. Me persiguió por la calle y por detrás de la casa con el ruidoso sonido de sus alas. Fue realmente espeluznante.
El concierto era al día siguiente. La sinfonía toca en el Salón de Conciertos del Centro Washington y estaba repleto. El concierto se llamaba “Hecho en los EE.UU.”

Mi madre es la primera violinista en el segundo estrado. ¡Ahí está!

Tocaron un par de piezas muy lindas de los jóvenes compositores John Philip Sousa y Amber Gudaitis. Tocaron el Concierto de Clarinete de Aaron Copeland con un solo de clarinete verdaderamente excepcional. En el entreacto nos reunimos e hicimos un recorrido por detrás del escenario. Me sentí como uno de esos chicos aficionados a la música.

Ese es mi padre a la izquierda y nuestro amigo de hace mucho tiempo, Tom Linden, disfrutando de la categoría de VIP.
Luego del entreacto tocaron la Sinfonía Dvorak “Desde el Nuevo Mundo”. La he escuchado varias veces, porque hasta la tocaban en la época de mi escuela secundaria. Pero nunca la he escuchado como esa noche. Fue realmente excepcionalmente maravilloso. Fantásticamente poderoso. Y otros adjetivos superlativos. Es difícil describirlo en palabras. Me alegra no ser un crítico de música. Fue verdaderamente bueno.
Traducido por: Anabel Elliott